En contraposición a lo que vendría a ser natural, y que sería desarrollar la actividad según vienen las condiciones, un buen cúmulo de cosas nos colocan ante la gran limitación que supone que "tu actividad" esté ubicada en un espacio temporal limitado, dentro de un complicado puzzle global, en el que si sobre la pieza en la que se ha enmarcado tu salida no se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, o tienes una alternativa, o a esperar a la próxima te toca.
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| foto web TV3 |
Y aunque el tema es complicado sin paliativos, al final uno termina aprendiendo lo mínimo e imprescindible (o casi), con la finalidad poder acertar al máximo.
Tanto la propia contemplación, como el mismo interés por aprender, hacen que algunas cosas, en principio ajenas, o que se desvían de lo que se trataba de aprender, despierten la curiosidad de uno.
Este es el casó de un fenómeno que por aquí se da con cierta frecuencia (cuando se dan las condiciones adecuadas) sobre el mar y que es el fibló o mànega d'aigua, algo absolutamente sobrecogedor, y que no había tenido oportunidad de ver salvo en fotos, videos o tv.
Lo máximo que había llegado es a ver el cap de fiblò, que es el inicio, cuando empieza a descolgarse del cúmulo.
Sin embargo ayer por la tarde, volviendo a casa, he tenido la fortuna, junto con Gina y Esther, de poder observar uno frente a la costa del Masnou.
Estaba lejos de tierra, un poco al norte de la piscifactoría, y la manga era larga y serpenteante. El agua que se levantava en su base sobre la superficie del mar era impresionante. Fueron pocos segundos, ¿30, 40?, tal vez menos, yo iba conduciendo y para cuando podría haber parado, ya había desaparecido. No pude hacer fotos, ni buenas ni malas, solo guardo la emoción de la experiencia, y el recuerdo de las imágenes grabado en la retina.
(edito)
En éste enlace, podeis ver un par de fotos de la mànega d'aigua de ayer, y una explicación bastante clara del fenónemo, gracias a Diego Rodríguez.
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