Salida esperada y especial, especial por ser la única del verano, y también por ser un regalo de la familia, ya que de tan sólo 4 días que tenemos de vacaciones en los que coincidimos los cuatro, me han regalado uno para poder estar ahí, todo un detalle difícil de pagar.
La cosa empieza según lo previsto acompañados por un día fantástico que promete calor.
Los primeros kilómetros en suave ascenso hasta empezar el ascenso hacía el Col de Creu transcurren por carretera con bastante tráfico, de manera que mientras una parte del grupo se lo toma con mas calma, la otra se organiza a relevos contra el viento intentando terminar lo antes posible con este tramo.
Una vez agrupados empezamos el ascenso, pero a los pocos metros, salta la voz, ¡punxada!. Guillem ha pinchado y todos paramos mientras repara, aprovechando para charlar un poco.
Reanudamos la marcha, y poco a poco vamos entrando en materia, dulcemente ya que el puerto arranca muy suave, dando pie para ir charlando y disfrutando de las vistas gracias a la estrecha y tranquila carretera.
Después de pasar una zona casi llana empieza lo bueno del puerto, que poco a poco se va endureciendo, primero con algún apretón, descanso, apretón, para terminar después con un tramo mas sostenido.
Poco a poco vamos coronando todos y nos agrupamos mientras reponemos fuerzas y comentamos un poco la jugada.
Nos hacemos la foto en el cartel, y acto seguido iniciamos el descenso hacia Matemale, pueblo en el que paramos en una fuente a llenar bidones. Aquí Guillem, que ya había dicho que no iba a subir Pailhières, decide que no es su día y prefiere seguir la ruta saltándose el caramelito de la jornada.
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| foto: Toni Pons |
Nos hacemos la foto en el cartel, y acto seguido iniciamos el descenso hacia Matemale, pueblo en el que paramos en una fuente a llenar bidones. Aquí Guillem, que ya había dicho que no iba a subir Pailhières, decide que no es su día y prefiere seguir la ruta saltándose el caramelito de la jornada.
Seguimos nuestra ruta y pasamos Formigueres, un pueblecito muy bonito. El siguiente puerto del día, Col des Hares, queda un poco diluido, dada la poca longitud y suavidad de la inclinación, pero la verdad es que el recorrido por en medio de un bosque es encantador. Una vez reagrupados, ponemos ahora si, rumbo a Mijanès, lugar en el que paramos de nuevo para llenar bidones y darnos ánimos.
Iniciamos la ascensión del puerto y en mi mente resuenan los adjetivos que acabo de escuchar tanto sobre la belleza, como de su dureza, de manera que me desentiendo completamente de rodar en grupo y procuro coger un ritmo pausado que me permita completar la subida, a la vez que ir levantando la cabeza de tanto en cuando para disfrutar del paisaje.
Los últimos metros antes de coronar parece que uno está llegando al cielo
El lento transcurrir de los km, hace que pueda sumergirme de lleno en la inmensidad de este puerto, del que puedo decir sin dudar, que es el más bonito que he subido hasta la fecha.
Vamos llegando todos, cansados pero con caras de felicidad.
El día es radiante y disfrutamos de un inacabable paisaje.
Pronto retomamos nuestro camino para encarar el descenso, recordándonos en voz alta la precaución que debemos mantener dadas las características del terreno.
En una de las zonas de curvas de herradura veo a Xavi i Adrìa parados, y Xavi con las manos en la cabeza. Temo por que haya habido alguna caida pero no, resulta que ha reventado el neumático delantero con tan buena fortuna que la cosa no ha quedado mas que en un susto, aunque ha quedado inservible.
Gracias a un trozo de neumático viejo que lleva Raúl, se curran una ñapa para al menos poder llegar a Mijanès, donde ya hay cobertura para llamar a Guillem, y avisarle de que en cuanto llegue, suba a su coche y venga en busca de Xavi. Éste a su vez no informará de que ha pinchado por segunda vez ¡glups!
Lentamente, y acompañando a Xavi, conseguimos bajar hasta el pueblo, donde paramos a descansar un poco y ya de paso, "atracar" una boulangerie en la que terminamos con las existencias de coca cola, y donde quien mas y quien menos pudimos degustar alguna que otra exquisitez que nos supo a gloria.
Aprovechamos también para perfilar la ruta a tomar de vuelta, modificando un poco el itinerario de enlace entre los puertos, tomando carreteras más rápidas, aunque sea a costa de algo mas de tráfico. Una vez terminado el resto de descenso que nos queda, descubrimos que tampoco es una carretera demasiado ancha ni transitada, y que a pesar del calor, tiene su encanto.
Volvemos a reagruparnos en el desvío que tomaremos para ir en buscar de los dos puertos que nos quedan. El primero, el col de Garabeil, aunque no es largo ni duro, se me hace un poco pesado entre el calor, que ya voy bien "tovet", y que resulta ser algo mas largo de lo que indica la altimetría. Cuando coronamos nos juntamos todos bajo una escueta sombra en un lado de la carretera a medida que vamos llegando.
Hacemos el descenso rápidamente para parar a abrevarnos en la milagrosa fuente de Bousquet (hay quien pide que sea declarada patrimonio de la humanidad), justo antes de enfrentarnos al último puerto de la jornada.
A estas alturas ya sabemos que Guillem ha vuelto a pinchar y está tirado en la carretera antes de llegar a Prades, por lo que se decide poner el rítmo mas rápido posible y que al coronar, Raúl siga sin parar para ir a socorrer a Guillèm, y que éste a su vez, salga con el coche en busca de Xavi ¡menudo sidral! y pobres Xavi y Guillem.
Empezamos el ascenso y yo no hago ni el intento por seguir el ritmo de los de cabeza, me concentro en coger el mío y subir lo mejor que puedo. Afortunadamente la dureza del puerto no es excesiva y la dificultad estriba básicamente en vencer al cansancio, pero ello no es impedimento para disfrutar de un bonito puerto cuya sombra en los primeros kilómetros es fantástica.
Culmino el puerto y encuentro a Ivàn, Toni, y Adrià. Raúl ha seguido ya hace rato para ayudar a Guillem.
Yo decido ir tirando ya que se empieza a hacer tarde y no quiero llegar a casa a las mil.
Me despido de los compañeros para emprender un larguísimo y pesado descenso que me llevará de nuevo hasta Prades. El recorrido es muy chulo, pero la tortuosa carretera tiene un asfalto que es una verdadera tortura para mi maltrecho cuerpo.
Para cuando llego al coche, Guillem parte a la busca de Xavi, yo me cambio y tiro para casa.
En resúmen un gran día de cicloturismo disfrutado en magnífica compañía.
Conocer sobre la bici sitios nuevos tan bonitos es todo un placer para los sentidos, y subir puertos como estos crea afición.
Aquí los datos de la ruta.








